"Desahogarse, implícitamente, exige salir del pozo."

lunes, 1 de febrero de 2010

Un viaje.

Hundida en los malos recuerdos, se dibujó una sonrisa en su joven cara y tomó el autobús que le transportaba al nuevo mundo.
Se sentó en el primer asiento que encontró, justo al lado de una señora un poco senil que no paraba de observar y analizar todo su alrededor.
Ella, miraba una y otra vez el reloj, no podía permitirse llegar tarde de nuevo. Esta vez tenía que ser distinto.
Llegaba justo a la hora y su preocupación tan sólo se limitaba en contemplar los cristales empañados por el frío que hacia fuera de aquel viejo autobús.
Ahí estaba su parada deseada, no dejaba de mirar el reloj, su corazón cada vez se aceleraba más y se preguntaba excesivamente si lo que estaba haciendo era lo correcto.
Miraba nerviosa cada uno de los rincones del autobús. La señora que tenía sentada junto a ella era otra, la anterior bajó una parada antes y le permitió calmar un poco sus nervios ante tanta observación.
Esa era la parada, se bajó del autobús, subió la cremallera de su chaqueta ante tanto frío y se dispuso a caminar.
Entre toda la multitud por fin lo consiguió, ahí estaba. Con unos vaqueros a la moda, una cazadora negra con pelo en la capucha y una mirada fijada hacia su móvil.
Se encontraba en un banco y no paraba de mirar a su alrededor como si esperase a alguien, ahí estaba él.
Cuando ella consiguió acercarse, levantó la mirada y la miró con una sonrisa penetrante.
Veía en esa sonrisa su nuevo mundo, olvidó el frío que hacía y le dió un beso como si fuese el primero que daba en su adolescente vida. Sabía porque estaba ahí y no quería marcharse.

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